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En fuga continua de mi propia prisión.

miércoles, enero 14, 2009

L'avventura (Antonioni, 1960)

El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va...
(Juan 3:8)

Hacía casi un año que mi hermano me la había regalado, por Reyes, y todavía no la había visto. No sé a qué estaba esperando...
El argumento es sencillo: Sandro, arquitecto de profesión que se ha hecho rico renunciando a sus inquietudes artísticas, mantiene una relación esporádica con Anna, chica de la buena sociedad y eternamente insatisfecha. Acompañados por Claudia (Monica Vitti) y otros amigos, emprenden un viaje en yate por algunas islas desiertas cercanas a Sicilia, las Eolias, antiguamente volcánicas. En el arrecife de Lisca Bianca, donde atracan el barco, Anna, tras mantener una discusión con Sandro, desaparece de forma misteriosa. Después de peinar la isla y llamar a los carabinieri, Sandro y Claudia regresan a Sicilia para emprender juntos y por su cuenta la búsqueda de Anna, pero poco a poco se ven inmersos en su propia relación sentimental, hasta olvidarse de la existencia (o inexistencia) de Anna. Es decir, que el argumento podría resumirse en la desaparición de una desaparición...
A diferencia de otras películas en las que el o la protagonista desaparecen para dar paso a una segunda línea argumental que acaba superponiéndose a la primera (caso de Psicosis, de Hitchcock), el dispositivo de eliminación de la primera trama parece servir de excusa a Antonioni para que la película deje de tener un argumento: a partir de aquí observamos atónitos el devenir de un docuficción tipo roadmovie en el que una pareja, más que la búsqueda de su amiga desaparecida, emprende una huida cuya motivación no queda del todo explicada...
La película es un continuo paisaje cuyas figuras principales, a veces desdibujadas y otras magnificadas, no supiesen cómo salir de su aburrimiento, de su propio encuadre...
Las localizaciones son espectaculares y, de alguna forma, intangibles y efímeras: la película se abre en un extraño arrabal de Roma (al fondo se divisa la cúpula de San Pedro), propio del desarrollismo urbanístico de los sesenta, en proceso de asfaltado, donde entre grúas y residencias de lujo en construcción, vive la acomodada protagonista... de ahí parten Anna y Claudia en busca de Sandro, al que recogen en su casa del centro de Roma (desde la ventana se entrevé el Tíber y uno de sus puentes antiguos)... luego aparece el yate y los islotes del Mediterráneo... en mitad de uno de ellos sufren un temporal... escenas en el interior antiguo y decadente de la comisaría de policía de Messina, donde dan parte de la desaparición de Anna, y de nuevo reanudación del viaje, esta vez en tren, hasta el pueblo de Noto, donde se alojan en una antigua locanda desde cuyas ventanas se observan las desconchadas fachadas barrocas de la época los virreyes... luego viaje en coche hasta un pueblo fantasma de arquitectura fascista que parece sacado de un cuadro de Giorgio de Chirico, para acabar en una mansión, propiedad de unos amigos, donde se celebra una fiesta...
La incidencia de la realidad en la película parece querer sacarnos continuamente de la ficción propia de ésta: así ocurre con la secuencia de la tormenta, maravillosamente filmada. Los diálogos entre los protagonistas quedan, de pronto, interrumpidos por algún gesto azaroso, como cuando están hablando en el campanario de una iglesia, y en el punto álgido de la conversación, Claudia tira distraídamente de la soga de una campana y la acción pasa a ser la diversión repentina que este hallazgo produce en los protagonistas...
En L'avventura se escucha mucho el viento, y el frufrú que éste produce en las copas de los árboles, por ejemplo. Y los protagonistas están como queriendo continuamente tirarse sobre el suelo o sobre una cama, para descansar o desperezarse...
Los interiores son abigarrados, con primerísimos planos de los actores y capas de perspectivas superpuestas hasta llegar a la calle... o al cielo. Algo copiado posteriormente hasta la saciedad, como en el caso de Wan Kar Wai. De repente, aparece una contraventana, o se abre una puerta desde la que se vislumbra otra puerta, entreabierta al exterior...
La película resulta extremadamente moderna, y morbosa, porque hay un exceso de la mirada... eso que en cine llaman tiempos muertos...
Y luego está esa escena final, tan poética, rodada al amanecer, en una especie de mirador: la pantalla dividida en dos, a un lado el mar y, en el horizonte, un islote; al otro, la destrozada pared de una iglesia antigua... hundido en el banco que une ambas mitades de la pantalla, Sandro, llorando... y de pie, tras él, Claudia, acariciándole el pelo y los hombros...
Final sobrecogedor.

L'avventura ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes de 1960.