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En fuga continua de mi propia prisión.

jueves, enero 12, 2012

Leña del árbol caído

Hay un tipo de personaje, muy español, al que llamaré "vicario", cuya condición me produce una tremenda lástima. Lo llamo vicario porque, de alguna forma, "hereda" (siempre tarde, siempre a destiempo) la ropa sucia y gastada de los demás. Y hace creer a los demás que es nueva. Digamos que "revive", de manera desfasada, exagerada, los sentimientos (siempre malos) que otros ya han vivido en primera persona. El vicario es más papista que el Papa (él lo llamará "solidaridad") y cuando, por ejemplo, alguien se pelea con alguien (su novio, un amigo), allí está él demostrando que es un buen colega y que aún está más peleado con ese alguien que el afectado, aunque jamás haya entendido el motivo de la pelea ni nadie le haya dado vela en ese entierro. El vicacio hace leña del árbol que alguien cayó, es el coro desafinado que insulta cuando ya lo han hecho veinte antes que él, es aquel que te dice "lo sabía" pero cuando realmente su "sabiduría" importaba, nunca dijo nada. El vicario es de naturaleza insegura y nunca hará nada hasta que esté seguro (qué contradicción) de que no va a hacer el ridículo. Es decir, está al acecho, esperando a que alguien tome la iniciativa para secundarlo de modo desmesurado. Si alguien te deja de hablar, él (que apenas está vinculado a esa persona) ni siquiera te dirigirá la mirada cuando se cruce contigo. Son cobardes que se arriman a la sombra del valiente, inoportunos...
El vicario forma parte de la retaguardia, siempre será un secundario. Obviamente, en este vida no siempre se puede ser líder y, de hecho, los secundarios han sido fundamentales en ciertas causas nobles, políticamante revolucionarias, progresistas. Pero el vicario, tan extemporáneo, sólo sabe acercarse a causas equivocadas, porque él está enormemente equivocado desde el principio, y no resulta raro que, siguiendo con el ejemplo anterior, cuando ya se hayan arreglado las cosas entre los amigos enemistados o los novios peleados, él siga ahí, refunfuñando, no saludando, enfadado sin saber porqué, o agarrándose a una causa justa que caducó hace mucho tiempo. Como esos combatientes que se escondieron bosque adentro en territorio enemigo y despilfarraron toda una vida creyendo que la guerra aún no había terminado.

miércoles, enero 11, 2012

je repars à zéro ♫

Desvíos con los que fantaseo, por orden de viabilidad:

1. Ahorrar dinero e irme a París de semestre sabático a escribir esa novela.
2. Hacerme voluntario de Naciones Unidas, sacar mi alma del pozo sin fondo de la decadencia neuro-occidental y decicarme a la cooperación internacional.
3. Montar un negocio de restauración en Sevilla, ponerme el mandil y servirle a usted, a dios y a quien haga falta.
4. Pedir un crédito a siete amigos (¿tengo tantos a los que pedir un préstamo?... las razones de mis amigos) e irme a estudiar un máster sobre asesoramiento para adquisición de arte contemporáneo a Christie's New York.
5. Presentarme en la sede de Facebook España con mi timeline bajo el brazo y comentarles que mi experiencia es indiscutible porque vengo de pasar una eternidad al otro lado.
6. Sacarme primero el carné de conducir y luego hacerme decorador en Los Ángeles o en Marbella (que para el caso es lo mismo).
7. Convertirme en camello-confidente de superstars nocturnas, presentadores de los que no saben leer una querella criminal (demasiada puntuación, demasiada subordinada), celebrities de Telecinco y actores de cuarta-tirando-a-séptima.
8. Explotar mi cuerpo e irme a mendigar a las calles soleadas de Nápoles hasta volverme un protegé de la Camorra.
9. Ganar una primitiva. No es la sangre de siglos ni la plusvalía marxista, no; es la creencia colectiva en la suerte individual la que me ha vuelto rico. Puro fair play.
10. No desviarme en absoluto. Seguir como estoy ahora, traduciendo basura y (mal)ligando con fistros bibisexuales, "etólogos" y "yaestattoohecho".

domingo, enero 08, 2012

SUNSET

Hoy he soñado con una página que no existe de Mi filosofía de A a B y de B a A en la que Warhol habla sobre esa hora crítica del atardecer en que el sol se refleja agonizante y naranja sobre los cristales de los rascacielos de Manhattan. La hora en que el sol se pone. Sunset.
Creo que estoy un poco deprimido. No disponer del suficiente dinero y tener que trabajar para conseguirlo siempre me deprime. Ahora está todo más acentuado. Más desfasado. Offset.

miércoles, enero 04, 2012

Reflexiones nocturas (y una posdata)

Mi propósito de año nuevo no es dejar el tabaco. Esta vez no. Es dejar la noche. Sé que es una frase con trampa, absoluta, demasiado inabarcable, casi incumplible... pero como dice un amigo mío, hemos alargado nuestro verano hasta diciembre y, de golpe, nos hemos encontrado casi en cueros bajo una intemperie helada...Nací a las diez de la noche, mi libro de cabecera es El bosque de la noche y hubo un día en que, sin darme cuenta, abandoné cualquier tipo de pretensión seria de carrera profesional en pos de un doctorado cum noctis. La noche es el gran teatro del mundo, la sal de la tierra, el salón de los pasos perdidos y las ilusiones fácilmente recuperadas. Pero siempre amanece y todo vuelve a estar sucio de nuevo. Nada más luctuoso que los restos de una fiesta, nada más amenazante que el sol colándose de manera obscena por los huecos de una casa oscurecida llena de vampiros. Para todos aquellos que realmente no creemos en este mundo, tan insípido e injusto, tan ridículo, la noche, en su absurdez, ha sido una forma de revancha. En la noche no hace falta esforzarse, no es una carrera de fondo, en la noche se premia la improvisación y la gracia, nada es grave. El caos del mundo se ordena, caprichosamente.
Pero de todo se cansa uno. A mí últimamente la noche me quita mucho y me da poco. Antes - en el antiguo régimen - hacía amigos, hacía amantes, hacía gracia, me hacían gracia. Ahora no me gusta ni la música, ni la gente, ni la forma que ésta tiene de relacionarse. Vale, el infierno no son los demás. Vale, me he hecho mayor. Ha llegado el invierno de nuestro descontento. Y sólo nos queda un vasto horizonte de sobriedad, gafas de sol, esfuerzo ingente y desayunos colmados de luz y literatura o cenas más o menos solitarias con películas antiguas de fondo y lluvia tras los cristales. ¿El amor, la política, la revolución permanente, la sabiduría? Demasiado tarde, me temo. Porque ¿cómo se sobrevive a la noche? ¿cómo sobrevivió la nobleza a la caída del antiguo régimen? ¿Y Roma al cristianismo? Sólo queda robesperrierizarse, constantinizarse, o irse al exilio e ir muriendo (viviendo) de melancolía. Cuando uno se ha divertido tanto y de manera tan absurda, ¿cómo pasa a ser feliz de manera seria? Divertirse es lo contrario a ser feliz. La noche es lo contrario del día. Uno nunca se acostumbra al hambre ni a la pobreza. Tan sólo las sobrelleva. Como buenamente puede...
Sí, sé que me puede el pesimismo de este invierno (que rima con infierno), de estos meses de excesos, de mi absolutismo vital, de mi enorme aburrimiento, un océano de aburrimiento. No te creas nada, todo es negro sobre blanco, todo es texto y contexto. Y sí, podemos ir cruzando ese abismo de luz blanca saltando de letra en letra... así lo hemos hecho hasta ahora. ¿Venecia no se puede atravesar a pie, subiendo y bajando puentes? Tengo una montaña de libros que se caerán sobre mi cabeza. Y una vez me sacuda el polvo podré llegar impoluto a la cita matutina. Café con leche, por favor. Y un poco de mermelada para endulzarlo todo.
Ahora no recuerdo si la insipidez del día me llevó a la noche o si el exceso de sal de la noche hace que encuentre soso el día. Si tuviese más cercana la lectura de Derrida, me pondría a hablar (quiero decir, a escribir) sobre la maldita lógica del suplemento y de la escritura como suplemento par excellence. Pero ahora toca recuperar la voz.

P.D. S., que sé que me lees, si quieres disfrutar de mis últimos días de embriaguez ven a verme pinchar el próximo viernes, será mi testamento nocturno (por el momento). Esta licencia me la tomo mientras escucho Queen of Denmark, de John Grant. Qué título tan shakespiriano, ¿no? Y ex abrupto: ¿por qué mentimos tanto los hijos de la noche? ¿O es que somos unos cobardes? Bueno, es cuestión de perspectiva. Los sonámbulos parecen estar en vela cuando en realidad están sumidos en las profundidades mudas del feudo de los sueños.
Y calmaos, cotillas, S. no es más que un fantasma... un "revenant", que se dice en francés.

domingo, diciembre 11, 2011

Lisztomania

So sentimental, not sentimental no
Romantic not disgusting yet
Darling, I'm down and lonely when with the fortunate only
I've been looking for something else
Do let, do let, do let, jugulate, do let, do let, do

Let's go slowly discouraged
Distant from other interests on your favorite weekend ending
This love's for gentlemen only that's with the fortunate only
No, I gotta be someone else
These days it comes, it comes, it comes, it comes, it comes and goes

Lisztomania
Think less but see it grow like a riot, like a riot, oh
I'm not easily offended
It's not hard to let it go from a mess to the masses

Lisztomania
Think less but see it grow like a riot, like a riot, oh
I'm not easily offended
It's not hard to let it go from a mess to the masses

Follow, misguide, stand still
Disgust, discourage on this precious weekend ending
This love's for gentlemen only, wealthiest gentlemen only
And now that you're lonely
Do let, do let, do let, jugulate, do let, do let, do

Let's go slowly discouraged, we'll burn the pictures instead
When it's all over we can barely discuss
For one minute only, not with the fortunate only
Thought it could have been something else
These days it comes, it comes, it comes, it comes, it comes and goes

Lisztomania
Think less but see it grow like a riot, like a riot, oh
I'm not easily offended
It's not hard to let it go from a mess to the masses

Lisztomania
Think less but see it grow like a riot, like a riot, oh
I'm not easily offended
It's not hard to let it go from a mess to the masses

This is show time, this is show time, this is show time
This is show time, this is show time, this is show time
Time, time is your love, time is your love, yes time is your
Time, time is your love, time is your love, yes time is your

From the mess to the masses

Lisztomania
Think less but see it grow like a ride, like a ride, oh
Discuss, discuss, discuss
Discuss, discuss, discouraged

Lisztomania, Wolfgang Amadeus Phoenix, Phoenix
(obra maestra de canción en obra maestra de disco)

martes, diciembre 06, 2011

Ni por asomo

La habitación donde cenaban, alrededor de la mesa camilla, estaba caldeada. Sus padres se habían quedado dormidos en el sofá, con el paño echado hasta los muslos y sus respectivas cabezas abandonadas en sentido opuesto. La tele murmuraba intrascendente frente a ellos. Él los miró mientras se olisqueaba los dedos, perfumados de mandarina, y se levantó brusca pero silenciosamente de la silla. Le gustaban aquellos movimientos certeros, como de espadachín. Atravesó el pasillo hasta su cuarto. Estaba helado. Aquel frío era el frío que separaba su ya lejana infancia de su vetusta juventud de ahora. Cerró la puerta y abrió el balcón; llevaba el paquete de cigarrillos en el bolsillo de la rebeca. Las primeras caladas siempre las echaba con casi la totalidad de su cuerpo en el interior, a excepción del brazo derecho, que se apoyaba fuera sobre la barandilla, la mirada posada sobre sus libros. Desde que se había separado de su marido y había vuelto a casa de sus padres, se hacía con frecuencia las mismas preguntas: ¿hasta cuándo no estarían de nuevo aquellos libros en una casa que fuese suya... bueno, de alquiler? Y la que aún le inquietaba más: ¿qué sería de la librería comprada ex profeso en IKEA para su habitación de adolescente cuando algún día se fuese otra vez? ¿Quedaría mocha como un jardín abandonado?
Observó la plaza hacia la que se abría el balcón. El centro estaba ocupado por un antiguo casco de bodega rehabilitado que servía de sala de exposiciones y estaba rodeado de naranjos. La perspectiva quedaba cerrada por los bloques de pisos que, semejantes al suyo, ocupaban cada lado de la plaza. ¿Cuántos vecinos vivían allí? ¿Doscientos? Los pisos tenían ya sus años y pertenecían en su mayoría a personas de la edad de sus padres, a punto de jubilarse. ¿Habría aumentado su número en estos tiempos difíciles? Reagrupación familiar forzada. Una radio sonaba cerca. Era una voz, dos voces quizás, que con monotonía hablaban sobre un tema imperceptible. Un tema serio, eso sí, propio de aquellas horas de la noche. Su presencia hacía de la plaza un lugar más íntimo y minúsculo, incluso claustrofóbico. La mayor parte de los balcones tenían las persianas echadas o estaban a oscuras. Echo un vistazo rápido y advirtió que la mayoría de las luces que quedaban encendidas correspondían a cocinas. En una de ellas, una mujer de mediana edad, en bata, discutía con alguien que quedaba fuera de foco. Gesticulaba en sordina, llevándose las manos a la cabeza y apuntando hacia un punto finito de su casa con el índice. Sus movimientos se limitaban a un radio diminuto, extraña autoimposición.
Los árboles de enfrente, cargados de naranjas que destacaban sobre un verde cerrado apenas salpicado por la tenue luz de las farolas, parecían ujieres adormecidos. Sólo algunos pájaros desvelados rompían aquel secretismo. Aquella tarde, unos niños habían zarandeado los árboles por diversión, para ver cómo las colonias de pájaros volaban espantadas para luego volver a su sitio. Él, que estaba fumando en cuclillas agarrado a uno de los balaustres, se había echado hacia atrás, con pavor, temeroso de que algún pájaro de mal agüero se colase en la casa... entonces percibió cómo el pequeño naranjo que se había traído enfermo de su antiguo hogar y que descansaba sobre una maceta en un extremo del balcón, quizás por mímesis con los vigorosos naranjos de enfrente, había empezado a cuajarse de frutas. Su padre era quien se encargaba de echarle agua. Lo hacía como quien da de abrevar al ganado, con un gesto amplio y horizontal, de semejante a semejante. Pensó en la relación con su padre, ese ser tan misterioso e inteligente, tan desconocido, y en que quizás en un futuro la vida les ofrecería una oportunidad para entenderse mejor, para reconocerse mejor... pero prefirió apartar aquel pensamiento, por lo que pudiera comportar de luctuoso.
Se agachó para apagar el cigarrillo sobre el plástico frío del cenicero, que siempre estaba a la intemperie, y se reincorporó. Ahora apoyaba ambas manos sobre el pretil y asomaba medio cuerpo sobre la oquedad silenciosa que se destapaba a sus pies. Aspiró la humedad del invierno. ¿Por qué no se esclarecían sus ideas, por qué no lo entendía todo mejor, por qué no avistaba mínimamente su futuro? Miró hacia el infinito del cielo y vio que un planeta extraño resplandecía más allá de la luna. Al ver que se movía entendió que se trataba simplemente de un avión. Por una de esas ilusiones ópticas, la luna parecía estar más cerca de él que aquel artefacto humano. Trató de pensar en cómo durante las noches despejadas como esa, la ausencia del sol, nuestra fuente de vida, nos hace ampliar nuestros confines, y apreciar todo un universo misterioso y lejano que se despliega más allá de todo, cuando, de repente, abajo, un hombre cruzó la plaza tirando a grandes zancadas de su hijo de unos seis años. ¡Qué extraña pareja, a aquellas horas! El niño llevaba un abrigo largo, de corte clásico, y cuando lo vio adentrarse en el portal, de espaldas, tan callado, su mano encerrada en la de su padre, subiendo el escalón de acceso y flexionando la pierna al tiempo que el abrigo se movía desmañadamente con él, pensó en aquella pequeña monstruosidad y en todo lo que tenía que hacer al día siguiente, y bajó ruidosamente la persiana.

martes, noviembre 29, 2011

Sobre Francia

Creo que las identidades no son inmanentes. Creo que son contingentes, inestables. Lo que no quita que "crea" en ellas:

"El siglo más francés es el XVIII. Es el salón convertido en universo, es el siglo de la inteligencia con encajes, de la finura pura, de la artificialidad agradable y hermosa. Es también el siglo que más se aburrió, que dispuso de demasiado tiempo, que sólo trabajó para pasar el tiempo".

"Una agudeza vale tanto como una revelación. Una es profunda, pero no puede expresarse, la otra es superficial, pero lo expresa todo. ¿Acaso no es más interesante realizarse en la superficie que desarmarse con la profundidad?".

"¿Qué ha amado Francia? Los estilos, los placeres de la inteligencia, los salones, la razón, las pequeñas perfecciones. La expresión precede a la naturaleza".

"La divinidad de Francia: el gusto, el buen gusto, según el cual, el mundo -para existir- debe gustar, estar bien hecho, consolidarse estéticamente, tener límites, ser un encantamiento de lo aprehensible, un dulce florecimiento de la finitud".

"Un pueblo de buen gusto no puede amar lo sublime, que no es sino la preferencia del mal gusto elevado a la monumentalidad. Francia considera todo lo que supera la forma una patología del gusto. Su inteligencia tampoco admite lo trágico, cuya esencia se niega a ser explícita, como lo sublime. Por algo Alemania -das Land der Geschmacklosigkeit (el país del mal gusto)- ha cultivado los dos: categorías de los límites de la cultura y del alma".

"¿Francia? El rechazo del misterio".

"¿Existe un pueblo menos sentimental? El corazón del francés sólo se enternece con los cumplidos bien formulados".

"Los franceses, desde su nacimiento, han permanecido en su tierra, han tenido una patria física e íntima que han amado sin reservas y no han humillado mediante comparaciones; no han estado desarraigados en su país, no han vivido el tumulto de una nostalgia insaciable".

"Podría ser que, a fin de cuentas, la civilización no fuera otra cosa que el refinamiento de la trivialidad, el pulido de las cosas minúsculas y el mantenimiento de un poco de inteligencia en la accidentalidad cotidiana, es decir, volviendo la tontería natural tan soportable como posible, al envolverla en gracia y darle el lustre de la finura. Es indudable que entre los franceses es entre quienes encontramos a menos imbéciles profundos, irremediables, eternos".

"Ser superficial con estilo es más difícil que ser profundo. En el primer caso hace falta mucha cultura; en el segundo, un simple desequilibrio de las facultades".

"El refinamiento sexual es la muerte de la nación".

"Si Francia tiene aún una razón de ser, es la de realzar el escepticismo de que es capaz, el de darnos la clave de las incertidumbres o de moler nuestras certidumbres".

"Cuando Europa esté cubierta de sombras, Francia seguirá siendo su tumba más viva".

"Francia es Nuestra Señora de París reflejada en el Sena: una catedral que rechaza el cielo".

"Desde luego, Francia es un organismo, pero en su desarrollo ha alcanzado tan algo grado de perfección, que encuentra mejor sus símbolos en las figuras geométricas que en los accidentes del devenir biológico".

"Francia, país del medio, entre el Norte y el Sur, es un Mediterráneo con un suplemento de bruma".

"Aunque comprendo infinitamente mejor a los romanos del final, reblandecidos por el vicio, la incertidumbre y el lujo, que a los de la grandeza, ásperos, sanos y confiados en sus ídolos, conservo en alguna parte el respeto a los altares de la ilusión y los templos nunca debilitados por la ironía. Cuando Catón el Viejo decía que dos augures no podían mirarse a la cara honradamente sin romper a reír, lo creo, no sin añorar las vitales supersticiones. Una vez abolidos nuestros símbolos por la lucidez, la vida es un amargo deambular entre templos abandonados". (Tuve esa visión en mi cuento A los dioses huidos).

"Un país es grande no tanto por el alto grado de orgullo de sus ciudadanos cuanto por el entusiasmo que inspira a los extranjeros, por la fiebre que transforma en satélites dinámicos a personas nacidas bajo otros cielos. ¿Acaso hay en el mundo un país que haya tenido tantos patriotas procedentes de otra sangre y otras costumbres? ¿Acaso no hemos amado Francia con más ardor que sus hijos? (...) ¿qué otro país habría reunido homenajes y rechazos más halagadores?"

"Sea cual fuere la dirección, la meseta o el sendero por los que orientemos nuestros pasos, Francia no morirá sola, expiaremos juntos el gusto extrafalario de la fugacidad y, sea cual fuera la esperanza que abriguemos, la carga de esa herencia volverá a arrojarnos - eso es seguro- desde el corazón del porvenir hacia sus confines".

E. M. Cioran. Sobre Francia.

lunes, octubre 31, 2011

Sobre el amor a ciertos niños

"Una vez fui de visita un fin de semana a casa de Maggie Fowler, en los Hamptons. Su hijo, un chico de ocho o nueve años, estaba con ella. Era hijo de su primer matrimonio y, evidentemente, pasaba la mayor parte del tiempo con su padre o en el colegio. Parecía un poco incómodo con Maggie. Tenía ese extraordinario aire de intimidad de que gozan algunos niños. Quizás en su caso fuera el resultado de los rigores del divorcio, pero lo he visto en toda clase de niños. Me levanté pronto el sábado por la mañana y, como me lo encontré en el piso de abajo, fui con él andando a la playa, a nadar. Por el camino me cogió de la mano (una atención poco habitual en un niño de su edad) y supuse que se sentiría solo; pero si así se explicaba su conducta, entonces yo también debería sentirme solo, porque disfruté de su compañía. Puede que me recordara mi propia infancia. El eco de un afecto profundo, que en parte seguramente es recuerdo, fue lo que yo experimenté. Nos dimos un buen chapuzón, desayunamos juntos y después él me preguntó, muy tímidamente, si quería jugar a la pelota. Pasamos tal vez una hora en el jardín trasero, lanzando y atrapando una pelota. Después bajaron los demás y empezamos a beber bloody marys y hubo las actividades habituales de un fin de semana, la mayoría de las cuales excluían a un niño de su edad. Esa noche, cuando nos estábamos vistiendo para salir, Maggie llamó a mi puerta y me dijo que su hijo quería que fuera a darle las buenas noches. Lo hice. Cuando me levanté el domingo por la mañana, estaba sentado en una silla junto a la puerta de mi habitación, y una vez más fuimos andando a la playa. No lo vi mucho a lo largo del día, pero fui consciente de su persona: sus pasos, su voz, su presencia en la casa. Regresé a la ciudad el domingo por la tarde y nunca he vuelto a verlo ni a saber nada de él, pero indudablemente sentí por él algo parecido al amor durante las escasas horas que pasamos juntos".

John Cheever, Bullet Park

martes, octubre 18, 2011

Zeige deine Wunde (Enseña tus heridas)

"Hay que desarraigarse. Cortar el árbol, hacer una cruz y llevarla todos los días".
Simone Weil, La gravedad y la gracia

A punto como estoy de dejar el que ha sido mi hogar durante dos años me pregunto mientras despejo la cocina de cacharros interminables: ¿has sido feliz durante este tiempo? Y me digo: No tanto como hubiese deseado pero más de lo que habría esperado. Ahí se pierde mi esencia: entre la depresión y la manía, entre esos matices verbales del español que van del pluscuamperfecto del subjuntivo al condicional compuesto del indicativo. Hay un extraño gozo en ver todo el puzle destruido: cajas por aquí, cuadros descansando sobre el suelo por allá, un objeto en tránsito, unas tijeras sobre el sofá, ropa sobre las sillas, mi barba crecida, mis calcetines llevándoselo todo por delante. Esa manida pulsión de muerte, supongo. Observo los restos de la tragedia: al quitar un cuadrito de la pared, uno de los clavos está más bajo que el otro porque en su día se golpeó ex profeso para conseguir el efecto perfecto. Arqueología de las ilusiones fenecidas. Hoy he contabilizado con mi madre once mudanzas en lo que llevo de adulto. (He tenido más casas que novios). "Bueno, me voy porque quiero, mamá". Luego hemos estado hablando de las grandes migraciones forzadas causadas por la guerra o por las hambrunas. Me acordaba de esa carrera sin aliento, de esa desposesión que es Suite Francesa, de Nemirovsky. Aunque también hubiese podido pensar en Libia o en cualquier otra realidad presente. Sin embargo, desviándome hacia lo figurado que hay en toda realidad, cabría preguntarse: ¿cuál es la guerra que yo libro? ¿Cuál es mi hambruna? ¿A qué este continuo cansancio, esta eterna necesidad insatisfecha? El otro día le decía a una amiga que me siento como pez en el agua en estos tiempos de inestabilidad y crisis. Sí, como pez en el agua... o como corzo en bosque cerrado. Correr sin aliento, tratar de olvidar, partir con rapidez. Cubierto de cinismo y de amor, como la serpiente alada de los aztecas. Las mudanzas me sirven de análisis: en ellas descubro al ser fetichista que hay en mí, una especie de urraca que esconde en su nido los objetos que le resultan más brillantes, un coleccionista de dispositivos de almacenamiento donde archivar los recuerdos que su mala memoria ha borrado al vivir tan deprisa... qué triste está la casa sin libros... por suerte está la radio, y los últimos cuartetos de cuerda de Beethoven, que he dejado para embalar ya al final. Y las vistas, esas vistas de Jerez, que desde mi terraza parece una ciudad llena de promesas. Al fin y al cabo, en esta casa me he reconciliado con mi ciudad. Posiblemente para siempre. También he hecho buenos amigos, he escrito parte de una novela, he leído las mejores páginas de Sebald, he tenido noches donde he tocado el cielo con la yema de los dedos y, sobre todo, he vuelto a avivar el hogar. Uno sólo tiene que soplar y desvelar el espíritu. Al final todo prende.

lunes, septiembre 12, 2011

Punto omega

"A veces un viento llega antes que la lluvia y provoca que los pájaros pasen volando delante de la ventana, pájaros del espíritu que cabalgan la noche, más extraños que los sueños".

Don DeLillo, Punto omega.

Lectura concluida hoy, lunes, tras el desayuno, en La Cruz Blanca.